LA MEDICINA INTERNA


                                               Budismo para cristianos

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El camino de la unión con Dios

            Desde la visita del Buda a Kapilavastu hasta los últimos días del Bienaventurado, existen grandes lagunas que no permiten reconstruir su vida del mismo modo que se ha hecho hasta ahora. Diversos sucesos se entremezclan en las narraciones con las enseñanzas del Maestro, pero en modo alguno se puede establecer una cronología clara. Algunos de ellos los paso por alto premeditadamente por no contener enseñanza fundamental alguna. Tal es el caso, por ejemplo, de la apertura ante ciertas reglas monásticas, como la posibilidad de cambiar los harapos con los que vestían los monjes por túnicas nuevas, o la admisión de las mujeres en el Sangha reservada hasta entonces a los hombres, de modo que las mujeres comenzaron a fundar sus propias comunidades independientes, o el fallecimiento de Suddhodana, padre del Buda, etc.


            Por los motivos expuestos, a partir de este momento me limito a recoger todo aquello que pueda considerarse de mayor interés, evitando precisamente el intento de establecer una trayectoria y un nexo en el tiempo con respecto a las predicaciones del Buda.


            De acuerdo con tal idea, comienzo aquí por un suceso en el que el Buda aclara ciertas dudas que le proponen dos jóvenes brahmanes, llamados Vasistha y Bharadvaja. Estos discutían entre sí sobre el mejor camino para conseguir la unión con Brahma. El texto que sigue ilustra perfectamente acerca de dos cuestiones fundamentales: Una, la creencia del Buda en un Ser superior, sirviendo como colofón al sermón del Kohana que ya vimos, en el que se ha intentado demostrar la existencia de Dios en el budismo. Otra, acerca del mejor camino para llegar hasta Dios. Debo aclarar, no obstante, que cuando en este suceso el Buda se refiere a Brahma, lo hace únicamente por la circunstancia en la que debe hacer dicha aclaración, no significando que acepte precisamente a Brahma como Dios. Sin embargo, los argumentos que esgrime pueden extrapolarse y aplicarse sin problema alguno, al verdadero Dios, el Absoluto.


El texto sagrado


            Cuando el Bienaventurado viajaba por el país de Kosala, llegó un día a la ciudad de los brahmanes llamada Manasakrita y se detuvo cerca de ella en un bosque de mangos. Y se le acercaron dos jóvenes brahmanes que eran de escuela diferentes. Uno sellamaba Vasistha y el otro Bharadvaja. Y dijo Bharadvaja al Bienaventurado:


            - Estábamos discutiendo acerca del verdadero camino. Yo digo que el camino que más directamente conduce a la unión con Brahma es el proclamado por el brahmán Paushkarasadi mientras que mi amigo sostiene que es el que proclama el brahmán Tarukshy. Habiendo conocido vuestra reputación, oh sramana, y sabiendo que sois llamado el Esclarecido, el Instructor de los hombres, hemos venido a preguntaros si estos dos caminos son las vías de la salvación. Hay muchos senderos alrededor de Manasakrita y todos conducen a la ciudad. ¿No ocurrirá lo mismo con los caminos de los brahmanes?. ¿Son caminos de salvación todos los caminos?.


            Y el Bienaventurado planteó estos problemas a los dos brahmanes:


- ¿Pensáis –preguntó- que todos los caminos son buenos?.


            Y ellos respondieron:


- Sí, lo pensamos, Gotama.


- Entonces, decidme, ¿alguno de los brahmanes expertos en los Vedas ha visto a Brahma cara a cara?.


- No, señor.


- Entonces, ¿alguno de los autores de los Vedas ha visto a Brahma cara a cara?. 


            Los dos brahmanes contestaron de nuevo que no, y el Bienaventurado les puso este ejemplo diciéndoles:


- Esto es semejante al hombre que construye una escalera para subir a una casa en una plaza donde se crujzan cuatro caminos. La gente le preguntaría: “Decidme, buen amigo, ¿dónde está la casa a la que se sube por esta escalera que habéis construido?, ¿se encuentra al sur, al norte, al este o al oeste?, ¿es baja, es alta o regular?”. Y a estas preguntas él tendría que contestar: “No lo sé”. Y la gente le diría: “Pero entonces, buen amigo, ¿habéis hecho construir una escalera para subir a un sitio que ni conocéis ni habéis visto?”. Y el interpelado habría de responder: “Eso es justamente lo que he hecho, es verdad”. ¿Qué pensaríais vosotros de este hombre?. ¿Acaso no diríais que son locas sus palabras?.


- Es cierto, Gotama –contestaron los dos brahmanes-, sus palabras serían locas.


            Y el Bienaventurado continuó:


- Así pues, los brahmanes deberían decir: “Nosotros os enseñamos el camino de la unión con eso que no conocemos, pues no lo hemos visto”. Y si esto es en sustancia la tradición brahmánica, ¿no se deduce que es vana su tarea?.


- Eso es evidente –respondió Bharadvaja.


            Y el Bienaventurado dijo:


- Es imposible, por tanto, que los brahmanes versados en los tres Vedas estén capacitados para mostrar el camino de la unión con lo que no conocen ni han visto. Es como una fila de ciegos: ni el primero, ni el del medi, ni el último, van viendo. Así, a mi entender, lo que dicen los brahmanes versados en los tres Vedas no es más que un cuento de ciegos, pura ridiculez y charlatanería, algo vano e inútil. Imaginad ahora que un hombre llega al borde de un río y que, teniendo que hacer algo al otro lado, quiere pasar. ¿Creéis que va a suplicar a la otra orilla que se acerque y que se acercará gracias a sus oraciones?.


            - Seguro que no, Gotama.


            - Pues eso es lo que hacen los brahmanes versados en los Vedas. En lugar de practicar las cualidades que realmente corresponden a un brahmán, las descuidan y dicen: “Indra, te onvocamos. Varnna, te invocamos. Brahma, te invocamos”. Y no es posible, en verdad, que en virtud de sus invocaciones, rezos y cánticos, esos brahmanes vayan a reunirse después de muertos con Brahma. Decidme, ¿de qué manera hablan los brahmanes de Brahma?. ¿Hay lujuria en su espíritu?.


            Los dos brahmanes respondieron negativamente y el Buda continuó:


            - El espíritu de Brahma, ¿está lleno de maldad, pereza u orgullo?.


            Nuevamente respondieron que no y el Santo les dijo:


            - Hay cinco cosas que conducen a lo mundano, a las que están apegados los brahmanes, que sucumben a las tentaciones de los sentidos. Se hallan inmersos en los cinco impedimentos: La lujuria, la maldad, la pereza, el orgullo y la duda. ¿Cómo, pues, van a poder unirse con eso que es tan diferente de su naturaleza?. Por ello, su triple sabiduría es un árbol desierto, un bosque impenetrable y una irremediable desolación.


            Cuando el Buda terminó de hablar, uno de los dos brahmanes le dijo:


- Hemos oído, Gotama, que el Sakyamuni conoce el camino de la unión con Brahma.


            Y el Bienaventurado dijo:


            - ¿Qué pensaréis, oh brahmanes, de un hombre nacido y educadio en Manasakrita?.  ¿Dudará acerca de qué camino le llevará  a la ciudad más directamente?.


            - Seguro que no, Gotama.


- Pues así conoce el Tathagata el camino directo que conduce a la unión con Brahma. Lo conoce como el que ha nacido en él. No hay ninguna duda para el Tathagata. Existe, en verdad, un No-nacido, un No-venido, un No-hecho, un No-compuesto. Si no existiera, no se sabría si hay o no un desenlace para lo nacido, lo venido, lo hecho, lo compuesto. nacido, lo venido, lo hecho, lo compuesto.  El Tathagata revela la suprema Vía en su pureza y en su perfección. Quien marcha por la excelente Vía del Octuple Sendero, con firmeza inquebrantable, está seguro de llegar al Nirvana.


Comentarios


            Lo primero que quiero decir aquí es admitir que, si bien el Buda no solía atacar a las personas, sino que se limitaba a exponer su sistema moral  y religioso, no obstante en el texto anterior puede verse que ataca con ímpetu y sin reservas a los sacerdotes de la religión védica por aquél entonces imperante en la India. En cuanto al relato en sí, contiene a simple vista falsos razonamientos que una vez analizados no tienen en apariencia un sentido lógico. Concretamente, el Buda ataca a los sacerdotes brahmanes porque, según él, no pueden hablar de Brahma porque no lo conocen. Y no lo conocen, porque no lo han visto. Por lo tanto, según el Buda, para conseguir un camino cierto y recto hacia Brahma y, por ende, hacia Dios, es necesario conocerlo y, para conocerlo, haberlo visto. Esta argumentación es rechazable sólo hasta cierto punto, como se verá en seguida.


            Es evidente que para “ver” a Dios es necesario primero atravesar  el umbral de la muerte. Tanto en el cristianismo como en el budismo o en cualquier otra religión,  el ser humano verá a Dios solamente después de esta vida. Por lo tanto,  ni los que predicaban y predican  actualmente el cristianismo o el budismo, podían ni pueden haber visto a Dios “cara a cara”, como explicaba el Buda. Sin embargo, ello no es óbice para que sus enseñanzas sean las correctas, si se apoyan precisamente en el testimonio de quien en tiempos pasados “sí” ha visto a Dios.


            Pero tanto en el cristianismo como en el budismo, en el tiempo en que vivieron tanto Cristo como el Buda, sólo ellos podían estar en posesión de la verdad, puesto que fueron ellos, y solamente ellos, quienes pudieron tener una comprensión exacta acerca de la naturaleza de Dios: Cristo, por cuanto en los Evangelios se señala una relación tan estrecha con Dios, que incluso se llega a afirmar la identidad Cristo-Dios, siempre en el seno de la idea de un Dios personal y perfectamente individualizado. Y el Buda, porque del mismo modo dentro de la concepción que Dios (el Absoluto) tiene en el budismo, como Ente impersonal, pudo establecer en la noche de la Iluminación un contacto mental real y adquirir un conocimiento exacto de la divinidad. Por lo btanto, en el tiempo en el que vivió el Buda, sólo éste y no los sacerdotes brahmanes, podía conocer el verdadero camino de la unión con Dios.


            De ahí que el Bienaventurado atacara a los sacerdotes brahmanes. Pero además, como ha podido verse, existía otro punto sobre el que cimentar su animadversión hacia dichos sacerdotes. Me refiero a los métodos para conseguir la unión con Dios. Por un lado el Buda ataca los vicios de los máximos representantes de la religión védica. Por otro, es evidente que no por mucho implorar y ofrecer sacrificios va a acercarse a nosotros la otra orilla del río. Es, por el contrario, el propio ser humano, con una vida honrada y recta, con la práctica diaria de la virtud, quien podrá llegar sin problemas a la otra orilla.


            Pero aún hay más. Recordemos que el Absoluto es espíritu puro inconmensurable e infinito, que se extiende a todas partes. Por lo tanto, en realidad, estamos rodeados de la propia esencia de Dios. Usando las propias palabras del Bienaventurado, “aunque invisible, os auxilia con sus benéficas manos; no le oís, y sin embargo su voz es más recia que el fragor de la tempestad”. Efectivamente, no lo vemos, pero el espíritu del Absoluto nos rodea por todas partes, difuminado en el cielo que miramos, en el aire que respiramos, porque el espíritu del Absoluto está en todas partes a la vez. Esta es una verdad que encaja también dentro de la religión cristiana. Y tal circunstancia puede ser aprovechada por el hombre para sentirse en contacto y rodeado por Dios constantemente.  Por el contrario, quien actúa pensando que está de espaldas a Dios, se equivoca lamentablemente. Volviendo a las palabras del Buda, Dios “todo lo ve y de todo se percata”.


            Existe, empero, una barrera divisoria entre Dios y el hombre. No es tan fácil, como a primera vista pudiera suponerse por lo anteriormente expuesto, llegar hasta el seno del mismo Dios. Atravesar la barrera, llegar a la extinción personal (el Nirvana) para integrarse en el océano inmenso del Absoluto mismo, exige unos condicionamientos previos que el  Buda nos enseña: “El que marcha por la excelente vía del Octuple Sendero, con firmeza inquebrantable, estará seguro de llegar al Nirvana”, de llegar a Dios. Este, y no otro, es el verdadero camino.


 


 


 


 

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