A Dios se puede llegar, ciertamente, por varios caminos. En mi opinión, quien afirme (lo cual desgraciadamente es frecuente) "mi religión es la única verdadera", está en un error. Porque todas tienden a la perfección y a la búsqueda de Dios. En cuanto al budismo, desconocido por la mayoría de mentes occidentales, debo decir ya que encierra una profunda filosofía, de la que un cristiano puede apreovecharse sin lugar a dudas. Y nada mejor para probar estas afirmaciones y la recta inclinación de este libro, que tomarme la libertad de transcribir algunos párrafos del prólogo del libro titulado “La Mística del Budismo”, de la Biblioteca de Autores Cristianos, escrito por Jesús López Gay, S.I., en el que el cardenal Pignedoli, hace años presidente del Secretariado para los No Cristianos, escribió:
>> El Secretariado para los No Cristianos ha recibido de la Iglesia el mandato específico de alentar el diálogo de los cristianos con las grandes religiones del mundo. Un diálogo construido sobre la mutua estima y conocimiento, sobre el amor y fundado sobre los valores más positivos y concretos: los valores de base, es decir, los religiosos.
>> Toda gran religión ha encontrado su expansión en la vida de aquellos hombres, esforzados y generosos, que han dado una prueba de su credibilidad delante de la Historia. En el budismo, esta verdad es todavía más clara. El Buda escogió ser monje y sus enseñanzas encuentran el camino de la persuasión a través de la vida monástica sólidamente establecida y regulada.
>> Pocos cristianos conocen los libros sagrados del budismo y su doctrina, la cual ha ayudado durante siglos a millones de hombres a encontrar la paz interior en el desprecio de las alegrías y de los dolores, en la supresión de las sensaciones para llegar a la Extinción, en la consideración de la vida como un valor sin valor.
>> Las dos vocaciones religiosas, la cristiana y la budista, tienen puntos comunes en lo que se refiere al edificio de la vida religiosa: el ejercicio de las virtudes éticas, la severa disciplina mental, la meditación, el silencio, el control de sí, la abstinencia de los placeres, etc.
>> No somos atrevidos al pensar que el Señor, que conoce los corazones de cada uno, hablará a estos sus hijos que le buscan con una generosidad sincera y le llaman con nombres diversos.
Un poco de historia. Origen del budismo
Comenzaremos con unas palabras acerca del pueblo ario, a partir de cuya religión se formó el budismo, a través de una serie de pasos intermedios como veremos. Se desconoce con certeza el origen de los arios, pueblo de raza blanca, que hasta el año 2.000 a.J.C. ocupaba las estepas del Asia Central y, del mismo modo, las razones que llevaron a este pueblo a su extensión a los territorios limítrofes. Lo cierto es que entre los años 2.000 y 1.500 a.J.C., comenzaron una expansión masiva en tres direcciones principales: Occidente, los países mediterráneos y la península del Indostán. Pero fue en esta última donde más fácilmente se establecieron. Según fuentes arqueológicas, los arios penetran en la India antes del año 1.000 a.J.C., concretamente por el actual territorio del Penjab, ocupado desde 5.000 años a.J.C. por un pueblo de raza morena, los dravidios, monoteístas, con una cultura en muchos aspectos atrasada con respecto a la aria. La invasión y adaptación al nuevo territorio fue lenta y paulatina, introduciendo su lengua, su propia cultura, su religión y costumbres y su vida política y social. Los dravidios no opusieron resistencia efectiva y asimilaron con relativa facilidad cuanto los arios aportaron.
La lengua aria, el sánscrito, es quizá la más antigua conocida y prácticamente puede decirse que ha llegado casi hasta nuestros días. No obstante, con la ocupación del Indostán, el sánscrito comenzó en aquella época un proceso de transformación que derivó en el prácrito, colección de lenguas simplificadas, una de las cuales fue el pali, dialecto que se habló con toda probabilidad en el territorio noroccidental de la India durante los siglos III al II a.J.C. Otra forma de prácrito fue el magadhi, dialecto que seguramente hablaba el Buda, si bien los primeros textos sagrados fueron escritos en lengua pali. Me permito aprovechar ya aquí este detalle para señalar que, por este motivo, si queremos investigar en las fuentes más auténticas del budismo, debemos por fuerza dar preferencia a los textos escritos en pali.
De su cultura, poco interesa reseñar para el propósito de este libro. Los arios aportaron importantes elementos, tanto en el campo de la medicina, como de las matemáticas y, en otros órdenes, la introducción del caballo, la espada de bronce y probablemente el hierro.
Su religión, por otra parte, era una mezcla de mono y politeísmo en extraña simbiosis, pues junto a un dios central y supremo (Brahma) existía toda una constelación de dioses secundarios de menor importancia (Varuna, Indra, Agni, Surya, Soma y otros). Las creencias religiosas eran transmitidas sistemáticamente por vía oral de generación en generación (se afirma que la causa de ello era que se consideraban demasiado elevadas como para ser escritas), hasta que hacia el siglo V a.J.C. comenzaron a llevarse al papel. Fue en este siglo cuando aparece escrito el texto más antiguo conocido, el poema épico Mahabharata, seguido luego por el Ramayana y posteriormente por los restantes textos sagrados que, en conjunto, constituyen lo que hoy conocemos como Vedas.
La palabra “veda” puede significar tanto “ejemplo” como “saber”, tratándose de una colección de himnos pensados para ser cantados en las ceremonias religiosas. Los Vedas son cuatro:
1º Rig-Veda ó Libro de los Versos.
2º Sama-Veda ó Libro de los Cantos.
3º Yajur-Veda ó Libro de las Fórmulas Expiatorias.
4º Alharva-Veda ó Brahma-Veda.
No es mi intención aquí precisamente el estudio de la religión védica. No obstante, existen algunos puntos del máximo interés que no se pueden obviar necesariamente, por la repercusión que tuvieron en la aparición posterior del budismo. Uno de los más importantes es la creencia en la reencarnación. Otro, su sistema socio-político, con la separación de los individuos en las llamadas “castas” o grupos sociales diferentes y con distintos derechos. El sistema de castas introducido por los arios persiste, aun hoy en la actualidad, en la India. Inicialmente, los grupos sociales eran cuatro: a) Los brahamanes, la clase más elevada, que desempeñaban la función de sacerdotes y que jugaban además un importante papel en la vida social y política. b) Los ksatriyas, integrados básicamente por los guerreros o cuerpos militares. c) Los vish o vaisyas, donde se integraba la mayoría del pueblo (mercaderes, artesanos, agricultores, etc.). d) Finalmente, los shudras, integrados por los servidores y los marginados, sin derechos, ni siquiera a la lectura de los textos sagrados.
Con tal clasificación y separación de clases, se pretendía preservar tanto la raza como la condición social. Como pronto veremos, este fue uno de los gérmenes del descontento que provocaron la aparición de corrientes religioso-político-sociales reaccionarias al sistema imperante, algún tiempo después de la invasión de la península indostánica por la raza aria, la más importante de las cuales fue la corriente budista.
En efecto, podemos imaginarnos el ambiente en aquella época: Unas clases superiores (los brahmanes) detectaban el poder político y religioso; la existencia de un sistema religioso basado en ritos y sacrificios a los dioses; la creencia en la reencarnación después de la muerte, en una nueva vida cuya calidad dependería de los actos, buenos o malos, del individuo en su vida precedente; por lo tanto, la importancia de ofrecer a Brahma el mayor número de ritos y sacrificios..., ¡casi siempre remunerados!. El resultado de todo ello es de una lógica aplastante. Sirvió por un lado para enriquecer aún más a las clases más privilegiadas, que en muchos casos fundaron minúsculos reinos independientes y, a la vez, empobrecer todavía más a las clases ya empobrecidas. Poco a poco se fue abriendo una brecha cada vez mayor desde todos los puntos de vista, pero especialmente desde el religioso, dando lugar a la aparición gradual de una serie de modificaciones al sistema religioso imperante.
Así, en el siglo VI a.J.C., aparecen las figuras del “sramana” y del “bhiksu”, religiosos errantes, que renuncian a las comodidades materiales y cifran la base de su salvación en la renuncia y la meditación, no precisamente en ritos, sacrificios u oraciones. Más tarde nace el jainismo, fenómeno religioso que no es posible dejar de nombrar, aunque no sea más que para conocimiento somero del lector. Este movimiento religioso surge por los mismos problemas ya señalados. Vardamana Jñatiputra nace 18 años antes que Siddharta Gautama (el Buda), si bien no existe un acuerdo unánime respecto a esta fecha. A Vardamana le llamaron “El Jina” (“El Victorioso”) y la base fundamental de su enseñanza fue igualmente la renuncia al mundo y sus placeres, la vida ascética y la meditación. De sus enseñanzas derivaron dos sectas, la de los Svetambaras (Vestidos de Blanco) y la de los Digambaras (Vestidos de Aire –desnudos-). La segunda fue la primera en perder adeptos por razones obvias. Sin embargo, la principal razón de la desaparición del jainismo hay que buscarla en la aparición del budismo.
Siddharta Gautama (o Gotama, según otros) nace, como ya se dijo, unos 18 años después del Jina, en el seno de una familia de brahmanes que se habían constituido en reyes de un pequeño territorio. Ello quiere decir que, desde muy pequeño, fue educado como corresponde a un príncipe, con todo tipo de lujos y, a la vez, con todo tipo de enseñanzas para hacer de Siddharta en el futuro un hombre culto. No obstante, ciertos hechos acaecidos a raíz de su nacimiento fueron los causantes de que a Siddharta se le enclaustrara, por así decir, en palacio, ocultándole la realidad del mundo exterior. Y fue en cuatro salidas en secreto cuando, enfrentado por fin al mundo, tomó la determinación de renunciar a todo y vagas en busca de la auténtica Verdad en materia de religión. Después de buscar infructuosamente, por fin descubre, al pie del “árbol de bodhi”, las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Octuple Sendero que puede permitir al hombre la eliminación del sufrimiento. A partir de este instante, y hasta el momento de su muerte, ya anciano, el Buda se dedica a predicar sus enseñanzas a cuantos quieren oírlas.
Tras el fallecimiento del Buda, al expandirse sus doctrinas fuera de la península del Indostán, surgieron diversas interpretaciones que dieron lugar a varias Escuelas. Estas fueron esencialmente dos, entre las que existen ciertamente grandes diferencias:
1º Theravada, Pequeño Vehículo o Hynayana = Textos en pali y con extensión en Sri-Lanka, Birmania, Tailandia, etc. Las enseñanzas budistas se hallan contenidas en el “Tipitaka”, que consiste en tres cestos de libros: a) Vinaya-Pitaka (Cesto de la Disciplina), que trata sobre las reglas para la vida monástica, conteniendo además un relato sobre la vida del Buda. b) Sutta-Pitaka (Cesto de los Discursos). c) Abdhidhamma-Pitaka.
2º Gran Vehículo, Vehículo Mayor o Mahayana = Textos en sánscrito y traducciones al chino, japonés, etc., con grandes variantes según el país, y extendido por Tíbet, China, Japón, etc.