LA MEDICINA INTERNA



                             Budismo para cristianos

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El sermón del Kohana

                Con la predicación del Buda en el parque de las gacelas de Benarés y la conversión de sus cinco antiguos compañeros, puede decirse ya que ha nacido el budismo. Encendida está la minúscula llama. Será la brisa del tiempo la que, lentamente, la transforme en hoguera. Después..., todos sabemos lo que sucedió después: La nueva religión se extenderá por toda la comarca. Y por todo el Indostán. Y traspasando fronteras, prenderá en todo el Extremo Oriente, hasta comenzar su penetración en la actualidad, también con lentitud, en el mundo occidental.



                Pero sigamos nuestra narración. Después del sermón de Benarés, en cuya ciudad el Buda permaneció aún un cierto tiempo, continuaron las conversiones, como por ejemplo la de Anathapindika, hombre de negocios inmensamente rico, que se debatía en una duda: ¿Constituirían sus riquezas un obstáculo para su salvación?, ¿sería imprescindible la renuncia para encontrar la paz de su espíritu y alcanzar el Nirvana?.  Planteadas estas dudas al Buda, éste le dijo:



                >> La felicidad de la vida religiosa puede ser alcanzada por todo el que vaya por el camino del Noble Octuple Sendero. Quien esté apegado a las riquezas, hará bien renunciando a ellas antes de dejarse envenenar el corazón. Pero quien no esté apegado a las riquezas y, siendo rico, se sirve de ellas con justicia, será ciertamente una bendición para sus hermanos los demás seres. En verdad te digo, sigue con tu clase de vida y aplícate activamente a tus negocios. La ley del Tathagata no exige al hombre ni errar sin hogar ni renunciar al mundo, si no tiene vocación para ello. Lo que la ley del Tathagata requiere de cada hombre es que se libere de la ilusión del “yo”, de su egoísmo, que purifique su corazón, renuncie a su sed de placeres y lleve una vida recta. Y que todo hombre ponga su corazón en lo que hace, ya sea en el mundo como artesano, mercader, soldado o rey, o retirado del mundo dedicado a la vida religiosa. Que sea diligente y enérgico. Que sea semejante al loto que, aunque crece en el agua, permanece sin tocarla. Si lucha en la vida, que no se abandone a la envidia o al odio. Si vive en el mundo, que sea sin una existencia egoísta, sino con una vida de verdad. Y entonces, con toda seguridad, la paz y la felicidad escogerán como morada su corazón>>  << El hombre caritativo es amado por todos. Su amistad es enormemente apreciada. Al morir, su corazón descansa lleno de alegría, porque no tiene remordimientos, recibe la exuberante flor de la recompensa y el fruto que madura de ella. Al dar nuestro alimento a los demás, se gana fuerza. Distribuyendo entre los demás nuestra ropa, se obtiene más belleza. Abriendo asilos de pureza y verdad, se ganan grandes tesoros.>>



                Intencionadamente he incluido aquí el texto anterior por la importancia de las palabras del Buda. Algún tiempo después, el Iluminado abandona Benarés para retornar a Uruvilva, donde continuarán las conversiones, y desde allí a Radjagriha, capital de Magadha. Parece ser que un año después, Suddhodana, habiendo oído rumores acerca de su hijo, le mandó llamar. El Iluminado, comprendiendo que al fin había conseguido sus propósitos, resolvió ir a Kapilavastu. Los textos sagrados describen el encuentro entre padre e hijo, pero lo que aquí nos interesa es algo mucho más importante. Porque fue aquí, a orillas del Kohana, donde el Buda demuestra la existencia de Dios, aunque evite darle un nombre. He aquí el texto:



                Al llegar la noche, en la vasta pradera a orillas del Kohana, sentose el Maestro dominando a la respetuosa multitud allí congregada para escuchar su aleccionadora palabra. Estaba el Buda sentado a la derecha del rey su padre y alrededor se agrupaban los magnates de la corte. Y el Bienaventurado dijo:



                >> Enseñan los libros que las tinieblas eran en el principio y Brahma meditaba solitario aquella Noche. ¡No busquéis allí a Brahma ni al Principio!. Ojos mortales no pueden verlo, ni la mente humana es capaz de conocerlo. Levantará un velo tras otro, pero encontrará detrás uno y otro velo.



                >> Más hondo que el infierno, más alto que el cielo, allende las más lejanas estrellas, hay un Poder estable y divino, existente antes del principio y que no tendrá fin; eterno como el tiempo, seguro como la certidumbre, que impele hacia el bien y que sólo es súbdito de sus propias leyes. A su toque florecen los rosales. Su mano modela los pétalos de loto. En el oscuro suelo y en las silenciosas semillas, teje el atavío de la primavera. Su pincel colorea las lucientes nubes. Elabora en las tinieblas el corazón del hombre y en la oscuridad del huevo el faisán de pincelado cuello. Siempre activo, transforma en amor la ira y el odio.



                >> Sus tesoros son los grises huevos en el nido del colibrí dorado. Las hexagonales celdillas de la abeja son sus redomas de miel. La hormiga obedece sus mandatos y la blanca paloma los conoce muy bien. Despliega las alas del águila cada vez que, con la presa, vuela al nido. Conduce a la loba junto a sus lobeznos. Y encuentra sustento y amigos para los seres despreciados. Nada le detiene. Colma los maternales pechos de dulce y blanca leche, y de mortífera ponzoña los colmillos de la serpiente.



                >> Concierta en el interminable dosel del firmamento la armoniosa música de las movibles esferas. En los abismales senos de la tierra esconde el oro, el ónice, los zafiros y los lázulis. Envuelto perpetuamente en el misterio, se oculta en la espesura de los bosques y alimenta al pie de los cedros admirables retoños con nuevas briznas, hierbas y flores. Mata y salva sin otro móvil que el del cumplimiento del desatino. El Amor y la Vida son sus hijos, y la Muerte y el Dolor son las lanzaderas de su telar. Hace, deshace y lo enmienda todo. Lo que hace aventaja a lo que hizo. Lentamente se perfecciona entre sus hábiles manos el espléndido dechado que proyectó.



                >> Tal es su obra en todo cuanto veis. Pero mayores son las cosas invisibles. El corazón y el espíritu del hombre, los pensamientos, voluntades y conducta de las gentes, están sujetos también a la magna Ley. Aunque invisible, os auxilia con sus benéficas manos. No le oís y sin embargo su voz es más recia que el fragor de la tempestad. Nadie es capaz de burlar este Poder. Quien le desobedece, pierde. Quien le sirve, gana. Con la paz y la dicha recompensa la bondad oculta. Con el sufrimiento, en cambio, castiga la oculta maldad. Todo lo ve y de todo se percata. Practicad la justicia y os recompensará. Si obráis inicuamente os dará la merecida paga. No conoce la ira ni el perdón. Exactas son sus medidas, infalible su balanza. El tiempo no es nada para El. Juzgará mañana mismo o largo tiempo después. Tal es la Ley que se orienta hacia la rectitud, que nadie puede desviar ni detener. Su esencia es el Amor; su fin, la Paz y la acabada Perfección. ¡Obedecedla!.



                Y seguidamente, el Buda añade:



                >> Cada vida del hombre es el resultado de sus vidas precedentes. Los pasados errores engendran tristeza y sufrimiento. La pretérita rectitud allega felicidad. Cosecháis lo que sembrasteis. Ved esos campos: el sésamo fue sésamo; y el trigo, trigo; el silencio y la sombra lo saben. Así nace el destino del hombre: viene a la vida y cosecha lo que sembró, sésamo o trigo, o ponzoñosas y adventicias hierbas que le corrompen y, con él, a la doliente tierra. Pero si bien labra y las extirpa, sembrando en su lugar semillas sanas y puras, hermoso y fértil será el suelo y óptima la cosecha. Si el hombre aprende cuál es la causa del dolor y pacientemente lo soporta, esforzándose en pagar las deudas contraídas por sus pasadas culpas, siempre fiel al Amor y a la Verdad; si limpia su sangre de mentira y concupiscencia y, sin agravio de nadie, lo sufre todo mansamente, perdonando las  ofensas y devolviendo bien por mal; si día tras día es compasivo, justo, amable y sincero, y arranca el deseo doquiera se adhiera con raíces sangrientas hasta extinguir el apego a la vida; si así obra, cerrará la cuenta de su vida borrando y salvando los débitos y acrecentando y vivificando los créditos recientes o lejanos que también rendirán su fructífero rédito.



                >> Quien así obra, no necesita lo que llamáis Vida. Cumplió su destino humano. Realizó el propósito que le hizo hombre. Ya no le torturará la ansiedad, ni le mancharán los pecados, ni los goces y penas mundanos turbarán su perpetua paz, ni volverán para él las vidas y las muertes. Entra en el Nirvana. Se ha unido con la Vida y sin embargo no vive. Es feliz porque dejó de existir, pero no dejó de ser.



                Comentarios



                Creo sinceramente que las palabras del Buda son suficientemente claras en cuanto a la existencia de Dios en el budismo. Aquellos que aseguran que esta religión es “una religión sin Dios” es porque contemplan el problema desde una perspectiva errónea. Si repasamos atentamente el texto anterior, veremos que el Iluminado sólo puede referirse, en su descripción, a un Ser superior, el mismo Dios, que en el budismo se designa como el Absoluto. Si entresacamos las frases más demostrativas, encontraremos que: Cuando dice “hay un Poder estable y divino, existente antes del principio y que no tendrá fin, eterno como el tiempo”,  ello sólo puede aplicarse a Dios. Cuando dice que “sólo es súbdito de sus propias leyes”, ello es igualmente sólo aplicable a Dios.  Sólo Dios es capaz de dictar sus leyes a todo cuanto existe.  Y son también demostrativas las siguientes frases: “Aunque invisible, os auxilia con sus benéficas manos. No le oís, y sin embargo su voz es más recia que el fragor de la tempestad”. Dios es, ante todo, Ley. Y esta Ley se aplica inexorablemente en todos los casos: “Quien le desobedece, pierde. Quien le sirve, gana”. “Todo lo ve y de todo se percata”. “Exactas son sus medidas, infalible su balanza”.



                Pero, ¿cómo es Dios en el budismo?.  En los textos mahayana se habla del Absoluto y también del Alma Universal: “Todas las cosas dependen del Alma Universal y el alma es su sustancia”, dice un texto de la Escuela T’ien T’ai. Y efectivamente, el Absoluto puede definirse como espíritu puro, Alma universal en todo el sentido de la palabra. Como espíritu puro inconmensurable, llega a todas partes y está presente hasta en el aire que respiramos. No confunda el lector estas palabras como una idea panteista. No estoy afirmando que “todo” sea Dios, sino que “a todos sitios llega Dios”, que es una idea juy distinta, la cual es usada igualmente en las doctrinas cristianas.



                Por último, quisiera detenerme un instante en las siguientes frases del Buda: “no volverán para él las vidas y las muertes, entra en el Nirvana, se ha unido con la Vida y sin embargo no vine, es feliz porque dejó de existir, pero no dejó de ser”. ¿Qué es el Nirvana?. El Nirvana es el mismo Dios, el Absoluto, el Alma Universal. De manera que si al fallecer un ser humano su balanza se inclina claramente de un modo favorable, su cuerpo muere, en efecto (“dejó de existir”) pero su alma seguirá viviendo unida a Dios (“pero no dejó de ser”).  En otras palabras, el Nirvana implica la “extinción” del hombre en esta vida, pero si todo le es favorable, seguirá existiendo unido al Alma Universal.



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