LA MEDICINA INTERNA


                                     Budismo para cristianos

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Cómo vencer los obstáculos

            Es de dominio general que el mundo en el que vivimos nos está poniendo a prueba constantemente, en cuanto  a que nos enfrenta a diario con numerosos obstáculos para nuestra paz y nuestra tranquilidad. El ser humano, por lo general, vive estresado. Pero el Buda, conociendo esto, nos da la forma de vencer dichos obstáculos, como podrá verse a continuación. Si bien las fórmulas que especifica fueron dictadas en una época muy diferente de la actual, verá el lector que todo puede aplicarse a los tiempos en los que vivimos.


            En el siguiente texto, tal vez de una forma reiterativa, el Buda explica la forma de vencer los obstáculos, clasificándolos por la forma de poder ser vencidos. Para evitar que el texto se haga tal vez algo pesado al  lector, he decidido resumirlo cuanto he podido, sin que ello vaya en perjuicio de la veracidad y validez del texto.


El texto sagrado


            El Sublime moraba cierta vez en el monasterio del parque de Jetavana, cerca de Sravasti. Y allí el Subime se dirigió a sus monjes diciendo:


            - Os enseñaré, oh monjes, cómo vencer los obstáculos. La destrucción de los obstáculos es para aquel que sabe y ve, pero no para aquel que no sabe y no ve. Y ¿qué debe saber, qué debe ver, oh monjes, aquel que destruye los obstáculos?: El pensamiento sabio y el pensamiento sin sabiduría. En aquel que piensa sin sabiduría, oh monjes, surgen los obstáculos que aún no han surgido y aumentan los obstáculos ya presentes. En aquel que piensa sabiamente oh monjes, no surgen los obstáculos que aún no han surgido y disminuyen los obstáculos ya presentes.


            >> Hay obstáculos que deben ser vencidos por el discernimiento, por la sujeción, por el uso justo de las cosas, por la paciencia, evitándolos, desechándolos y por el desarrollo espiritual.


            >> ¿Cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos por el discernimiento?. Aquí, oh monjes, el hombre común y no instruído, piensa: “¿Existí en el pasado?, ¿no existí en el pasado?, ¿qué fui en el pasado?, ¿existiré en el futuro?, ¿no existiré en el futuro?, ¿qué seré en el futuro?”. También el presente lo torna perplejo acerca de sí mismo, pues se pregunta: “¿Existo?, ¿no existo?, ¿qué soy?, ¿cómo soy?, ¿de dónde vine?, ¿adónde iré?”. Así, ligado por estos lazos de opiniones, el hombre común y no instruído no estará liberado del nacimiento, la vejez, la muerte, las aflicciones, las dolencias, las penas mentales, las agonías, no estará liberado del sufrimiento.


            >> Pero el sabio, oh monjes, que se ejercita en la práctica de la Noble Doctrina, conoce las cosas en las que hay que pensar y las cosas en las que no hay que pensar. De este modo, él piensa sabiamente: “Esto es el sufrimiento, esta es la causa del sufrimiento, esta es la cesación del sufrimiento, este es el Sendero que conduce al cese del sufrimiento”. Pensando así, se desliga de tres lazos: La ilusión del “yo”, la duda y la creencia en la eficacia de los ritos y ceremonias.


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- ¿Cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos por la sujeción?. Aquí, oh monjes, considerando las cosas sabiamente, el monje permanece dominando la facultad de la visión, de la audición, del olfato, del gusto, del tacto y de la facultad de pensar.


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            - ¿Cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos por el uso justo?. Aquí, oh monjes, considerándolos sabiamente, el monje sólo utiliza los vestidos para protegerse del frío, del calor, del viento, del sol, sólo con la finalidad de cubrir su desnudez.


            >> Considerando sabiamente los alimentos, no los toma con miras al placer, la exageración del vigor, para la estética o la belleza, sino unicamente para mantener la existencia del cuerpo.


            >> Considerando sabiamente su morada, sólo la utiliza para protegerse del frío, del calor, del viento, del sol, de los animales dañinos, así como para procurarse un lugar propicio para meditar.


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- ¿Cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos evitándolos?. Aquí, oh monjes, considerándolos sabiamente, el monje evita los animales dañinos, las malezas espinosas, los pantanos, los precipicios, los fangales, las cloacas. Evita sentarse en asientos incorrectos, visitar malos lugares, convertirse en amigos de personas indignas de amistad y todo lo que los sabios prudentes pueden censurar.


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            - ¿Cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos por la paciencia?. Aquí, oh monjes, considerándolos sabiamente, el monje resiste pacientemente el frío, el calor, el hambre, la sed, así como los discursos maledicientes y malévolos. Soporta con paciencia las sensaciones corporales que le sobrevienen: Dolorosas, punzantes, penosas, amargas, desagradables, molestas o mortales.


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            - ¿Cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos desechándolos?. Aquí, oh monjes, considerando sabiamente si un pensamiento sensual surge en él, el monje no lo tolera, lo desecha, lo rechaza, le pone fin y no le deja nacer. Si surge en él un pensamiento de malevolencia, no lo tolera, lo desecha, lo rechaza, le pone fin, no lo deja nacer. Todas las cosas malas que surgen en él, el monje no las tolera, las desecha, las rechaza, les pone fin, no las deja nacer.


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            - Y ¿cuáles son, oh monjes, los obstáculos que deben ser vencidos por el desarrollo espiritual?. Aquí, oh monjes, considerándolos sabiamente, el monje desarrolla los factores de la Iluminación llamados atención, investigación de la Ley, energía, alegría, relajación, concentración y ecuanimidad, todos los cuales están acompañados del desapego, de la ausencia de deseo, de la cesación y que conducen al renunciamiento.


Comentarios


            Si intentamos resumir el texto anterior, buscando las enseñanzas fundamentales que en él se hallan contenidas, podremos encontrar una buena guía para su aplicación en la vida diaria. Como se ha visto, en el texto se agrupan los obstáculos en seis categorías:


- El primer grupo se refiere a las cuestiones cognoscitivas que con frecuencia atormentan al hombre. Pero el Buda enseña que quien comprenda sus enseñanzas, no tendrá en adelante necesidad de hacerse tal tipo de preguntas. Todo se reduce a comprender las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Octuple Sendero.


            - El segundo grupo implica el dominio de los órganos de los sentidos, incluyendo un sexto sentido que el Buda llama “facultad de pensar”.  Quien consigue el dominio de los sentidos y del pensamiento, habrá conseguido el dominio de sí mismo y, con ello, la fuerza necesaria para no dejarse abatir en la batalla de la vida.


            - El tercer grupo exige el uso justo de las cosas: El vestido, el alimento, las comodidades, etc., evitando el egoismo y la avaricia, procurando no caer en el error de conferir a cuanto nos rodea un valor superior al que tiene en realidad.


            - El cuarto grupo requiere la virtud de la paciencia. Todo cuanto no se puede evitar, solucionar o eliminar como obstáculo, debe ser sufrido estoicamente y con paciencia infinita.


            - El quinto grupo enseña a desechar de nosotros mismos todo pensamiento indeseable o perjudicial. Eliminar un pensamiento, una idea que viene a la mente, incluso una idea que proviene del mundo circundante a través de los órganos de los sentidos, no es, en efecto, tarea fácil. Exige el dominio de sí mismo y el control de la voluntad, para lo cual se precisa un entrenamiento progresivo. Pero cuando esto se consigue, los resultados superan a las esperanzas.


            - Finalmente, el sexto grupo comprende aquellos obstáculos que pueden vencerse por el desarrollo espiritual, y creo que en este aspecto huelga cualquier comentario.


 

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